El abra del Yumurí

julio 10, 2006

En la zona que hoy conocemos como la provincia de Matanzas, vivió un joven cacique que se encontraba celebrando con todos los de su tribu, el nacimiento de su primera hija, a la cual la llamaron Coalina.

Todos en el lugar venían a rendirle homenaje y a traerle numerosos regalos a la pequeña que recién acababa de nacer, hasta que llegó ante el cacique un anciano behique que le dijo:

-Cuida a tu hija, y por favor, no dejes que se enamore jamás.

El tiempo fue pasando y Coalina fue creciendo y poniéndose cada vez más hermosa, tanto que ya estaba llamando la atención de los jóvenes indios del caserío. Mas su padre, recordando la profecía dicha por el viejo behique, se la llevó a una cueva situada en una de las montañas que rodean el valle Yumurí. La fama de la belleza de la muchacha creció tanto que llegó hasta donde hoy conocemos como la provincia de Camaguey, donde por aquel entonces, vivía un joven llamado Nerey, el cual al saber de la belleza de la joven que habían tenido que llevar a la cueva de las montañas, se enamoró tanto de ella que hasta el sueño perdió, solo pensaba en ir a verla.

Un día, el joven Nerey no aguantó más y decidió partir, dejó su gente para ir en busca de su amada.

El viajó enfrentándose a todo obstáculo que se le ponía en el camino, hasta que luego de su largo viaje, llegó a las cercanías de la tribu de Coalina, una vez allí, se informó del paradero de la muchacha, y cuando estuvo al entrar a la cueva, la tierra tembló, pero eso no fue impedimento para él, cuando ambos se vieron ya era de noche, y ella, al verlo, comenzó a sentir los primeros síntomas del amor, y cuando él se le acerco, ella miró hacia una montaña cercana, donde vio al anciano behique de blancos cabellos que le sonreía.

Coalina y Nerey se abrazaron y en ese momento la tierra tembló nuevamente abriendo la montaña en dos, y un enorme hueco que llegaba hasta el centro de la tierra arrastró hacia sus adentros a Nerey que llevaba a Coalina en sus brazos.

A este lugar lo conocemos hoy día como el Abra del Yumurí, y dicen que en las noches de Luna Llena, cuando el viento sopla cerca del abra, va murmurando “Coalina…. Nerey….. Coalina…. Nerey…..”.


Historia de La India Habana

julio 10, 2006

Cuando llegaron los españoles en su viaje de bojeo de la isla de Cuba a un lugar donde se alzaba un gran morro, el jefe vio que en ese lugar podía carenar sus naves, mientras se protegía de un fuerte vendaval que lo venía azotando. A dicho puerto, y por las circunstancias de haber carenado allí sus naves, lo llamó Puerto Carenas.
Era una de esas mañanas que siguen a las tormentas, en que la vegetación luce una brillante gama de su verdor, los pajarillos volaban dejando oír sus dulces trinos y las flores estaban abiertas a los tibios rayos del sol. La oficialidad había salido a recorrer la isla maravillosa, y viendo alzar las enhiestas coronas de un grupo de palmas reales, hacia ellas se dirigieron y se llevaron una gran sorpresa: allí, en una peña, sentada vieron la más hermosa india que podían imaginar. Su larga cabellera, negrísima como el azabache, parecía como un manto que cubría todo su cuerpo color del bronce, y que ostentaba un brillo especial porque se acababa de bañar en una cascada, y se había sentado a secarse con el aire fresco y el calor del sol en lo alto de una peña.

Entonces un oficial se dirigió a la hermosa joven y le preguntó:
-¿Quién eres, bella india?
-Habana -contestó dignamente.
-¿Cómo se llama este lugar?
-Habana -volvió a contestar.
-¿Quién es tu padre?
-Habanex -contestó orgullosa, y al parecer sin temor.
Los españoles estaban estupefactos ante tanta serenidad y tal belleza. La india sobre la peña parecía una estatua de bronce.
-¿Cómo te llamas, di?
-Habana -repitió claramente la indígena.
-Pues desde hoy este lugar se llamará la Habana.
La india hizo un gesto circular del contorno, repitiendo:
-Habana, Habana -y tocándose el pecho como en el gesto de yo, repitió-: Habana.
Ya para entonces un oficial aficionado a la pintura había hecho un croquis de la hermosa joven sobre la roca, y debajo escribió: La Habana.
Años después, por ese croquis, se realizó la estatua a la india en lo que conocemos hoy como la Fuente de La India.


Historia de la Torre Iznaga

julio 10, 2006

Ubicada entre las primeras poblaciones fundadas por los españoles en el proceso de colonización de la mayor de Las Antillas, cuenta con uno de los conjuntos arquitectónicos más completos y mejor conservados de América.

En ese tesoro histórico, el Valle de los Ingenios ocupa un sitio preferencial junto a la famosa Torre Iznaga, mudo centinela de un pasado de azúcar y fábricas del dulce en Trinidad.

El surgimiento de la mencionada construcción hacia 1816 marca un momento de predominio del eclecticismo en la arquitectura, con una altura de 45 metros repartidos en siete pisos o niveles, como una atalaya desde la cual se divisaban las plantaciones de caña de azúcar en la zona.

Según expertos, la campana instalada en lo alto de la torre estaba destinada a marcar el trabajo de los esclavos, el fin de la jornada, la oración a la Santísima Virgen en la mañana, a mitad del día y en la tarde.

Asimismo, cual vigía insomne, permitiría avisar en caso de peligro de incendio, fugas de esclavos, o simplemente como un inigualable mirador para apreciar la riqueza del valle en toda su magnitud.


El origen de la Torre Iznaga encierra también una buena dosis de leyenda, vinculada con la historia de los hermanos Iznaga, acaudalados hacendados de la época y dueños de ingenios dedicados al procesamiento de la caña de azúcar.

Una de las historias atribuye el nacimiento de la construcción a la disputa amorosa entre ambos parientes, interesados en la misma joven, y que decidieron edificar una obra cuya longitud en metros definiría al victorioso en la contienda.

En esa lid, Alejo levantó la torre de 45 metros de altura, mientras Pedro perforó un pozo de 28 metros de profundidad, del cual beben aún los pobladores de la localidad cercana a la edificación.

Siempre relacionadas con el amor, otra de las leyendas vincula la obra con el comportamiento infiel de la esposa de Alejo, quien ordenó la ejecución de la monumental construcción para encerrar en ella a su compañera.

Símbolo inequívoco de la región, la Torre de Iznaga llega a nuestros días como un signo más de la riqueza que predominó en la villa, apoyada en el desarrollo de la industria azucarera y el comercio.

Obras como esta, recuerdo de una arquitectura rica en estilos y materiales, sirven de complemento único a la variada oferta que presenta Trinidad para los amantes del ocio, los cuales acuden por miles cada año en busca del conocimiento que encierra la histórica villa.

Casas coloniales, restos de ingenios y una urbe conocida como la Ciudad Museo de Cuba se integran en una opción difícil de ignorar para los miles de visitantes que arriban a los diversos destinos turísticos de la isla.


Centro de Estudios Martianos

julio 10, 2006

En la calle Calzada # 807 en el barrio del Vedado se funda el 19 de julio de 1977 el Centro de Estudios Martianos.

La casa en que hoy radica este centro tiene una particular significación, pues en ella vivió, desde que celebró su boda, José Francisco Martí Zayas Bazán, hijo del Maestro e inspirador del Ismaelillo; más tarde donada al estado cubano por María Teresa Bances, su dueña.

La institución de carácter científico y cultural, creada con el propósito de auspiciar la investigación y el estudio de la vida, la obra y el pensamiento de José Martí, recopila y preserva sus manuscritos, ediciones originales, fotografías y otros documentos y objetos personales, así como promueve la difusión de la obra y la biografía del más universal de los cubanos.


Del son a la salsa

julio 10, 2006

La música cubana y sus intérpretes han llegado a ser excelentes embajadores del país. Un ejemplo de ello es como el son se ha convertido en la base principal para que, fusionado con otros ritmos de origen caribeño y latinoamericano, se produzca lo que en el mundo se conoce como salsa.

Desde los primeros siglos de la colonización, la música procedente de España, y la de los esclavos africanos, se interrelacionaron: a las vihuelas y guitarras se unieron tambores y sonajas para crear nuevos sonidos, propios del mestizaje cultural. Aunque la existencia verificada del son comienza en las postrimerías del siglo XIX, muchos afirman que el Son de la Ma’Teodora, se interpretó en Santiago de Cuba a finales del siglo XVIII, y representó el punto de partida de una larga evolución musical en las zonas rurales del oriente cubano. Después, este incipiente ritmo, invadiría todo el país, para convertirse en el género musical que mejor representa la idiosincrasia y cultura cubanas.

El son adopta diferentes modalidades según la región en que se cultiva, por ejemplo: el son montuno, está más generalizado en todo el país; el changüí, propio de las provincias orientales, y el sucusucu, identificador de la Isla de la Juventud.

Mientras ocurría todo este despliegue sonero, en el salón criollo también se creaba música cubana. Así el danzón, que más tarde llegaría a ser el baile nacional, tiene su nacimiento con Las alturas de Simpson, de Miguel Faílde, estrenado en Matanzas en 1879.

A partir de entonces, interactúan el danzón y el son en un proceso de transformaciones. La guaracha, ya escuchada en el siglo XIX, desarrolla también sus estrechas relaciones con el son; y para 1951 surge el cha-cha- chá, creado por Enrique Jorrín, y casi simultáneamente Dámaso Pérez Prado da a conocer el mambo. Coexisten dentro de este entramado melódico, las orquestas tipo jazz-band y las charangas que cultivan tanto el bolero como las combinaciones de todos los géneros anteriormente mencionados.

Un movimiento de renovación se inicia a finales de los años sesenta con las llamadas orquestas de música moderna, como es el caso del internacionalmente conocido grupo Irakere. Otro punto de renovación, lo inició Juan Formell con la creación de la Orquesta los Van Van en la década del setenta.

Ya con la llegada de los noventa se produce una verdadera explosión de agrupaciones soneras y salseras de primera línea, como es el caso de: NG la Banda, Paulo FG, la Charanga Habanera y otras muchas orquestas que llevan en sus raíces las notas musicales de un son con una historia de dos siglos.